Uno de los aspectos clave en la lucha global contra el cambio climático es el monitoreo de las emisiones de metano. Aunque las actividades industriales son responsables de las emisiones más altas, fuentes menores como el cultivo del arroz también presentan desafíos para el sector productivo, de ahí la importancia de cuantificarlas.

El proyecto ‘Monitoreo satelital de metano en regiones arroceras de Latinoamérica’, financiado por FONTAGRO y el Global Methane Hub, ejecutado por el Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA) de Uruguay, en colaboración con la Universidad Nacional Agraria La Molina de Perú y la empresa Conagro Semillas de Panamá, propuso fortalecer las capacidades regionales de monitoreo, reporte y verificación de emisiones de metano en ecosistemas arroceros, mediante el uso de herramientas satelitales.

Este proyecto, que está en su tercer año de ejecución y cuenta con el apoyo del FLAR, la Universidad de Otago en Nueva Zelanda, el USDA en Estados Unidos y el IICA, reúne a un grupo interdisciplinario que busca beneficiar a 1.500 productores y extensionistas, además de 150 investigadores y 50 responsables de inventarios nacionales de gases de efecto invernadero (GEI), así como a formuladores de políticas gubernamentales de los países participantes del proyecto. Además, espera impactar indirectamente a 3.000 beneficiarios adicionales en otras regiones arroceras de América, África y Asia.

Para dar a conocer el avance de este innovador proyecto, el pasado 20 de marzo, Cristhian Delgado Fajardo, ingeniero electrónico de la Universidad Javeriana de Colombia y candidato a PhD en Ciencias de la Computación de la Universidad de Otago en Nueva Zelanda, ofreció un seminario donde compartió en qué va el desarrollo de herramientas satelitales para el monitoreo agrícola, integrando teledetección e inteligencia artificial para impulsar la innovación en el sector.

Transformando la agricultura con datos satelitales

Las herramientas satelitales prometen ser un antes y un después en el monitoreo de gases de efecto invernadero debido, principalmente, a su escalabilidad y a su costo gratuito. En este proyecto se están probando dos nuevas tecnologías para medir las emisiones de metano en los cultivos de arroz: una basada en sensores in situ, con un sensor que se había utilizado antes en este contexto, y otra que emplea imágenes satelitales, un enfoque innovador en el caso de Latinoamérica.

El potencial de estas herramientas es enorme, ya que pueden ser utilizadas tanto por los agricultores para acceder a bonos de carbono, como por los científicos para investigar el impacto de las estrategias de mitigación, identificar factores desconocidos que influyen en las emisiones y, por último, pero no menos importante, ayudar en el desarrollo de políticas basadas en datos que beneficien a todos”, explica Delgado.

Para este proyecto se eligió la tecnología InfraRed Gas Analyser, por tres razones principales: su amplio rango dinámico para medir las concentraciones, su alta frecuencia de muestreo, y la rigurosidad científica de su desarrollador. Este equipo proporciona muestras georreferenciadas, lo que es clave al momento de comparar con datos satelitales. Además, cuenta con múltiples sensores que no solo miden el metano sino también de las variables que influyen en las emisiones, como la temperatura, la humedad, la presión, etcétera.

“Nos pareció esencial explorar nuevas metodologías, de ahí la importancia de asociarnos con expertos de diversas disciplinas. Sin duda, la capacidad de medir el metano de manera instantánea fortalecerá el monitoreo, reporte y verificación de alternativas de manejo, ya sea para la implementación de programas de incentivos de inserción a mercados de carbono por parte de los productores como también para poder fortalecer todas las áreas de investigación”, comentó Álvaro Roel, investigador del INIA-Uruguay y líder del proyecto.

Roel también destacó la colaboración interinstitucional del proyecto, pues reúne a instituciones de investigación con organizaciones financiadoras, así como entidades de articulación regional. Es precisamente esta cooperación la que permite probar nuevos equipos que, de otro modo, sería muy oneroso de adquirir por una sola institución.

Creemos que la contribución de este proyecto puede ser muy significativa. Si seguimos optimizando las capacidades de monitoreo de estas prácticas a través de satélites, podremos mejorar la precisión de las necesidades para generar un arroz más adaptado climáticamente inteligente”, concluyó Roel.