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Fuente: Granma

28/03/16 – Tras los secretos de los granos cientos de personas aportan conocimientos y experiencia a fin de que brinden los frutos esperados, con la mejor calidad. Si un alimento se hace habitual en cada mesa, sin duda alguna es ese, de ahí la importancia que cobra la labor desarrollada por los hombres y mujeres de ciencia del Instituto de Investiga­ciones de Granos (II Granos).

 

Y no solo se limitan al arroz —aunque ha sido la tarea que han desarrollado tradicionalmente y la de mayor peso—, su accionar es más amplio, pues tienen la misión de de­sarrollar integralmente los granos para contribuir a la satisfacción de la alimentación humana y animal. Así, en los últimos tiempos, ampliaron su diapasón y actualmente laboran además con el frijol, el maíz, la soya y el sorgo.

 

Único de su tipo en el país, el II Granos es una entidad de ciencia, tecnología e innovación integrada a la producción como so­porte científico técnico de la cadena de valor de granos.

Ubicado en Bauta, cuenta en su sede con alrededor de 200 trabajadores. Además dispone de estaciones en Sancti Spíritus, Ca­ma­güey y Granma.

 

Para ver germinar el arroz

Uno de los lugares que llama la atención en el Instituto es el Banco de Germoplasma. Aquí tienen más de 2 500 variedades o líneas mejoradas provenientes de 42 países y de centros de investigación.

 

“Esto nos permite tener una amplia base genética para los cruzamientos, según los objetivos de mejoramiento genético.

 

Se han liberado alrededor de 50 variedades para el programa arrocero; no todas han llegado a ser comerciales, algunas se han utilizado como progenitoras”, comenta Violeta Puldón, quien en los últimos cuatro años se ha desarrollado como directora de Investigaciones, y acumula más de dos décadas de incesante labor en el centro.

 

En este sitio aporta sus conocimientos Pe­dro Julio Gómez, técnico en agronomía y fundador de la entidad. Desde los inicios ha dedicado cada jornada al Banco de Ger­mo­plasma y ha sido un guía para la formación, pues casi todos los adiestrados comienzan por aquí. Esta es la primera escuela dentro del instituto, y es un trabajo de mucho rigor.

 

Cuando se obtiene una variedad por mejoramiento genético se hace una descripción desde diferentes puntos de vista, teniendo en cuenta caracteres morfológicos, agronómicos e industriales. En uno de los laboratorios en­contramos al técnico Osniel Monsón, determinando la cristalinidad del grano, lo cual influye en la cocción de la variedad, entre otros aspectos. “En muchos países se prefiere que sean cristalinos los granos (cuando no tiene zonas yesosas)”, manifiesta.

 

Este análisis permite determinar qué variedades son más factibles para la industria, ya que a mayor grado de cristalinidad, mayor es la resistencia, evitándose partiduras, agrega la joven Nathali Abraham Ferro, jefa de departamento de Ingeniería Agrícola.

 

Además explica que “aquí se hace toda la parte física de las variedades que se liberan de mejoramiento genético y son de interés para la producción. Se estudian las dimensiones del grano (midiéndose largo, ancho y espesor), y se hacen análisis químicos”.

 

Ana Adelfa Hernández, licenciada en bioquímica e investigadora auxiliar, trabaja en la unidad hace casi 45 años, y habla de la labor que desarrollan en otros de los laboratorios. “Por otra parte, se estudia el grado de envejecimiento que necesita el grano de arroz para obtener la mayor cantidad de granos enteros. “Después se llevan a cabo los análisis industriales, donde se determina la calidad de esa variedad de arroz”, señala.

 

Cual si estuviera en una pequeña fábrica, Leydi de los Santos, quien se graduó de técnico medio en agronomía, determina los resultados del procesamiento industrial de variedades de arroz. Auxiliándose de varios equipos se las arregla para desarrollar su actividad. Así, emplea ágilmente el determinador de humedad, la aspiradora, la descascaradora, el pulidor y el clasificador.

 

 

Fortalecer vínculos con el territorio

Una de las prioridades del II Granos es fomentar el impacto de sus resultados en la provincia. Se necesita fortalecer el vínculo con el territorio, a pesar de estar dando pasos en el extensionismo agrario en los últimos dos años, según Telce Abdel González, director general del II Granos.

 

Uno de los extensionistas trabaja en la cabecera provincial con la Empresa de Producción de Semillas, y atiende la Empresa Agroindustrial de Granos, perteneciente a otro municipio; da capacitaciones y asesorías técnicas. Lo mismo sucede con el compañero que se encarga del municipio de Bauta, quien colabora con cooperativas de ese territorio y ya amplía su rango de acción a otras formas productivas de la provincia.

 

“Así haremos un diagnóstico de la región artemiseña para analizar las necesidades de ca­pacitación y asesorías y tener un mayor impacto en esta”, manifiesta el directivo. En estos mo­mentos tienen extensionistas en diez provincias del país.

 

“Por otra parte, en el caso de Bauta, el instituto ha servido de enlace con otros vinculados a la producción agrícola, como el Instituto Nacional de Investigación de Viandas Tro­picales, con el que estamos probando nuevos clones de boniato y yuca, variedades de pepino y calabaza, y capacitando a los productores”, comenta Telce.

 

Y en el pasado año más de 250 niñas y niños entre seis meses y cinco años de edad, de dos comunidades de ese municipio, formaron parte de una experiencia piloto para evaluar la aceptación de la harina de arroz fortificada y su efectividad en la reducción de la anemia. Esta fue apoyada por el Programa Mundial de Alimentos (PMA) y la Agencia Canadiense de Desarrollo Internacional.

 

Otras tareas a emprender

“El II Granos fortalece sus vínculos con la producción integrado al sector empresarial. Tiene como nuevos objetivos estratégicos, fortalecer la extensión agraria en todo el país, tratando de convertirse en el rector metodológico de un sistema que acompaña a los productores de granos de toda la na­ción.

 

“Estamos trabajando en aras de perfec­cionar los proyectos de servicios científico téc­nicos como una forma para cerrar el ciclo de investigación y llevar de forma efectiva los resultados a la producción”, precisa el director.

 

El centro se encuentra enfrascado en un gran proceso inversionista, que incluye además de la construcción de un edificio de laboratorio, uno de capacitación; así como acciones de remodelación. También, se rehabilitará el sistema de riego.

 

En estos momentos el área agrícola de la sede no se está sembrando, por la situación que presenta la cuenca del Ariguanabo. Se preparan y toman medidas para cuando esto sea posible, hacer un riego por encima del 90 % de eficiencia.

 

Proyecciones entre manos

En el II Granos producen semilla original, básica, y registrada. Este año tienen en plan alrededor de siete, diez, y cuatro variedades de cada tipo, respectivamente; y producirán aproximadamente 20 y 30 toneladas de las dos últimas, que son las que se comercia­lizan.

 

En estos momentos trabajan en 25 proyectos nacionales (relacionados fundamentalmente con la producción de semillas, la protección fitosanitaria, el manejo agronómico del cultivo y la poscosecha) y alrededor de cinco internacionales (tres liderados por el centro y dos por otros institutos).

 

“Concluimos recientemente un programa de colaboración de arroz Cuba–Vietnam, li­derado por el Grupo Agroindustrial de Gra­nos, que incluía cinco subproyectos (tres dirigidos a la producción de arroz, uno a la de semillas, y otro a crear capacidades en el instituto y la transferencia de tecnologías). Aho­ra se está elaborando un nuevo proyecto con ese país, que va a centrar su actividad en la capacitación y la extensión agraria”, asevera Violeta.

 

Apoyo a Cuba para fomentar los cultivos de maíz y leguminosas (soya, maní y frijol negro), es otra de las tareas en las que están enfrascados con esa nación vietnamita. Se desarrolla en Mayabeque y Matanzas, se extenderá hasta el 2017, e implica un alto por ciento de capacitación y transferencia de tecnologías.

 

También dedican esfuerzos al Proyecto de extensionismo y difusión de tecnologías para la producción de semilla certificada de arroz en la zona central de Cuba, conocido como Ditesa, y desarrollado con Japón. Este incluye a cinco áreas demostrativas de la referida región y concluye entre abril y mayo de la presente contienda.

 

El objetivo del proyecto es elevar la producción y la calidad de la semilla. Se han introducido maquinarias para productores líderes y en el II Granos se está construyendo una planta de secado y beneficio de semillas, “lo cual elevará la calidad de la semilla que vamos a producir en este sitio, la cantidad, y se podrá prestar el servicio a otros productores”, afirma la directora de Investigaciones.

 

Ahora comienzan un proyecto con la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), de in­tensificación de la producción de granos básicos biofortificados con tolerancia al cambio climático, “que se va a desarrollar en Con­solación del Sur, provincia de Pinar del Río, con dos cooperativas de producción de granos, y también con dos productores independientes de Soroa, en Artemisa. Va a promoverse la agricultura de conservación, don­de es mínimo el laboreo, siembra directa y esto se traduce en mejoramiento de las condiciones físico químicas del suelo”.

 

De esta forma, los trabajadores del centro asumen constantemente nuevas metas, siem­pre que se trate de incrementar y conservar la variabilidad genética, y garantizar la producción de semillas de granos con alta calidad para satisfacer las demandas de la producción nacional.