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Fuente: El Tiempo

25/12/2015 – De sus laboratorios en Cali han resultado mejores calidades de yuca o fríjol de las que se encuentran en los supermercados. Él busca que esas muestras, conseguidas a través del mejoramiento genético, lleguen a los que más las necesitan: las comunidades vulnerables de los países más pobres. 

 

El trabajo en biociencias del investigador de origen libanés Joe Tohme (Ph. D. en Ciencia de los Cultivos de la Universidad Estatal de Michigan y desde el 2006 director del área de Investigación en Agrobiodiversidad del Centro Internacional de Agricultura Tropical –Ciat–, en Palmira, Valle del Cauca) le valió ser designado este año como miembro distinguido de la Asociación Estadounidense para el Avance de la Ciencia (Aaas), la mayor sociedad científica del mundo.

 

¿Qué llamó la atención de la Asociación Estadounidense para el Avance de la Ciencia para hacerlo miembro distinguido?

No solamente es un honor sino un reconocimiento a todo el equipo y al talento colombiano, que he tenido el privilegio de liderar durante los últimos 25 años en Colombia. El reconocimiento fue en biociencias, específicamente en biotecnología, en el trabajo que el Ciat está haciendo para disminuir la desnutrición por deficiencia de micronutrientes, utilizando tanto la agricultura como la biotecnología molecular.

 

¿Cuáles son los mayores hallazgos en estos campos?

Hay dos grandes componentes. Uno es el trabajo que el Ciat lidera con diferentes organizaciones para reducir la desnutrición debido a la falta de hierro, zinc y vitamina A. La segunda parte es sobre biotecnología vegetal. Durante mi carrera me enfoqué sobre los estudios de diversidad genética, que básicamente trata sobre cómo encontrar genes de importancia para la agroproductividad y la nutrición. 

 

¿Sobre qué tipo de cultivos ha trabajado?

Mi carrera se ha enfocado de acuerdo con las investigaciones del Ciat. En el caso del arroz en América Latina, y en el del fríjol y la yuca en el ámbito global. Yo coordiné todo el equipo en la caracterización molecular de estos dos últimos cultivos y el desarrollo de herramientas para el mejoramiento genético convencional. En el caso del arroz buscamos encontrar genes importantes para la nutrición tanto como para el rendimiento, utilizando especies silvestres que están mejorando el rendimiento y la resistencia a enfermedades. La enfermedad más importante de este cultivo en Colombia es un hongo causado por el Pyricularia oryzae y la otra es un virus que se llama hoja blanca.

 

¿Qué efectos tendrá el cambio climático en los cultivos?

Va a tener dos efectos sobre la productividad, pero también hay datos interesantes sobre cómo el cambio climático va a afectar el nivel de hierro y zinc de cultivos como arroz y fríjol. Eso implica que tenemos que aumentar bastante los niveles de estos componentes que no existen en los acervos genéticos actuales. Esto con el fin de evitar este tipo de deficiencias en el sector más vulnerable de la sociedad, que son los niños y las mujeres, especialmente las que están en estado de embarazo.

 

¿Qué otro tipo de efectos vendrían con este aumento?

La temperatura puede aumentar entre 2 y 4 grados. Esto afectará la productividad. Con este panorama, hay diferentes estrategias que son alcanzables para lograr la adaptación. Hay cultivos como la yuca, que es tolerante a las fluctuaciones. En el Ciat estamos haciendo frecuentes monitoreos para evitar las enfermedades, debido a que hay alta probabilidad respecto a cómo aumente el cambio climático.

 

Háblenos de su papel en la iniciativa global Harvest Plus.

Harvest Plus es una iniciativa que coordinan el Ciat y el Instituto Internacional de Investigación sobre Políticas Alimentarias. Mi rol de coordinador investigativo se ha centrado en tres componentes. Uno, en estudiar con diferentes expertos mundiales la estabilidad de los betacarotenos; la segunda es el desarrollo de herramientas para el hierro y el zinc, y la tercera es una estrategia transgénica para arroz, trigo y maíz con investigadores en Estados Unidos, Australia y Filipinas.

 

¿Cuáles son los principales hallazgos de esas líneas de investigación?

Ya está publicado con la doctora investigadora Inez Slamet, quien hizo el trabajo de hierro y zinc en arroz en Filipinas, en el cual ya logramos las metas necesarias para tener unos efectos biológicos sobre deficiencia de hierro. Cuando usted va al supermercado en Manila o en Bogotá, la presencia de hierro en el arroz pulido es alrededor de 3 partes por millón (ppm). Para tener un efecto en reducir la deficiencia de hierro se necesitan alrededor de 14 partes por millón, y en los acervos genéticos que analizamos nunca hallamos un valor más alto de 6 a 7 partes por millón. Utilizando un gen del arroz, el equipo de Australia, Filipinas y Colombia logró ese nivel de 14 ppm.

 

¿En qué consiste la biofortificación?

Es el uso de mejoramiento genético de plantas para aumentar la densidad de minerales y vitaminas en variedades de cultivos, de manera tal que los consumidores de estos tengan un mejor estado nutricional. La biofortificación viene del hecho de que en diferentes cultivos no tenemos los niveles necesarios de hierro, zinc y vitamina, aun utilizando el mejoramiento convencional. En el caso del fríjol, en el que el Ciat tuvo un gran éxito, utilizando el mejoramiento convencional a base de fuentes del banco de germoplasma, se logró llegar a niveles altos de casi 90 ppm, cuando por ejemplo los fríjoles que están en el supermercado están entre 50 y 60 ppm de hierro. Es una manera natural que permitiría la entrega de materiales bioforticados. No significa transgénicos. Hemos liberado parte de estos materiales en Ruanda, donde las personas presentan bastante deficiencia de estos minerales. Otros de estos materiales están a punto de ser probados en Centroamérica. En el caso de la yuca, el programa del Ciat logró un mejoramiento del betacaroteno, utilizando estrategias convencionales, porque encontramos materiales con alto nivel de esta vitamina en las reservas genéticas. Todavía no lo hemos liberado acá, pero ya comenzaron a entregarse en Nigeria.

 

¿Estas liberaciones van encaminadas a impactar la salud pública?

Las personas de bajos recursos económicos no tienen el lujo de tener una diversidad alimentaria. Hablamos de las personas más vulnerables no solo en América Latina, sino también en África, donde una persona sobrevive con menos de un dólar al día. Con la biofortificación por medio de mejoramiento genético, la población más vulnerable podría tener acceso a alimentos con esta calidad de minerales. 

 

¿De qué trata la agrobiodiversidad?

La agricultura es la base de las civilizaciones. Un ejemplo de diversidad lo vemos en la dieta. Si tomamos a Colombia con el ejemplo de la bandeja paisa, lo veremos: el arroz es introducido y el fríjol es nativo de América Latina. Si queremos tener una buena productividad de estos alimentos, necesitamos utilizar la diversidad genética. Por eso son importantes las adaptaciones al cambio climático y a las enfermedades. Para darle un ejemplo, uno de los problemas de la yuca en Colombia es la mosca blanca. En el Ciat, con la unidad de entomología, se hizo un rastreo del acervo genético de la yuca, que es alrededor de 6.000 variedades, que es la población global de yuca. Se encontraron muy pocas de estas tolerantes a la mosca blanca, una de ellas colectadas a Ecuador. El Ciat aprovechó esta línea ecuatoriana para incorporar la tolerancia de mosca blanca a materiales adaptados en Tolima y Cali. El Ciat mantiene bajo custodia el banco internacional de yuca, que son 6.000 accesiones. También conserva 35.000 variedades de fríjol y 26.000 de forrajes. Es un tesoro mundial. El Ciat es el custodio de este tesoro, no los dueños. Buscamos distribuir estos tesoros entre los socios internacionales que buscan mejorar estos cultivos.

 

¿Cuáles son los factores de riesgo de esta agrobiodiversidad?

La reducción de la diversidad genética lastimosamente está ocurriendo por razones climáticas, por la expansión de las ciudades y por el desarrollo urbano industrial. Por eso son importantes estas colecciones mundiales.