ESPAÑA – CUANDO LA PAJA DE ARROZ SE VUELVA FALLA


Fuente: El Mundo

15/03/2017 – Acabar con el problema de los excedentes de la paja de arroz y fomentar un material ecológico para las fallas. En ese propósito están aventurados cuatro investigadores de la Universitat Politècnica de València: Rubén Tortosa, del departamento de Dibujo de la Facultad de Bellas Artes; José Ramón Albiol Ibáñez, del departamento de Construcciones Arquitectónicas de la Escuela de Ingeniería de Edificación; Xavier Mas i Barberá, del departamento de Conservación y Restauración de Bienes Culturales; y Miguel Sánchez López, del departamento de Informática de Sistemas y Computadores y profesor de la Escuela Técnica Superior de Ingeniería Informática.

 

Aún están inmersos en un proceso de investigación que arrancó en 2011 y que en los últimos meses ha tomado un nuevo impulso gracias al Convenio de I+D de la Universitat Politècnica de València con el Ayuntamiento de la capital del Túria a través de las Naves y que obtuvo una importante muestra de interés por parte del alcalde, Joan Ribó y el concejal de Cultura Festiva, Pere Fuset. Y aunque piden calma y prudencia, el objetivo lo tienen claro: hacer una falla a partir de paja de arroz. Pero, ¿por qué este material? Miguel y José Ramón lo explican: «En Valencia está l’Albufera, en ese parque natural de forma centenaria se lleva cultivando el arroz, uno de los problemas con los que se encuentran es qué hacer después con los residuos, con la paja del arroz. Tradicionalmente se ha quemado, pero esto supone un problema medioambiental. Nosotros proponemos hacer nuestro ese residuo, hacerlo ecológico y a través de eso quemarlo en la falla». «Al final se va a quemar y todo lo que quema contamina, pero en vez de quemarlo dos veces, sólo se quemaría una vez, además, le estamos dando utilidad a un excedente que existe, le quitamos un problema al Ayuntamiento y al agricultor», sentencia Rubén.

 

El uso de este material, además de poder ser más ecológico y solucionar el quebradero de cabeza de qué hacer con la paja del arroz, también ayudaría al trabajo de los artistas falleros. Según señalan los investigadores, el material más utilizado actualmente por los artistas falleros es el polietileno y la forma de trabajarlo es irlo puliendo, es decir, hay que ir quitando material, es un empleo sustractivo, un hecho que genera «mucho desperdicio y de muchos tamaños». Por una parte, para trabajarlo se necesita mascarilla para que los artistas no acaben inhalando las finas partículas que se acaban desprendiendo de este. Por otra, precisan ventajas económicas y logísticas como no necesitar un taller tan grande donde meter todo el material antes de ser trabajado, ni un posterior servicio de limpieza que se lleve los restos.

 

Camino ya han recorrido aunque no tardan en pedir no lanzar las campanas al vuelo y recordar que todavía se encuentran investigando. Pese a la prudencia, ya pueden presumir de haber obtenido una mano compuesta por una fórmula de materiales ecológicos donde la paja de arroz y el serrín de madera de balsa son los principales protagonistas. Aunque prefieren guardar el secreto sobre cantidades y qué otros materiales se incluyen, sí que especifican que está hecha a partir de un molde y que en la Falla de la Plaza del Ayuntamiento habrá una pieza de este material. También muestran orgullosos la figura de un arroba -@- hecho gracias a la impresora 3D que les ha cedido la compañía Kuka Robots Ibérica, una figura que se acabará quemando en la falla del Politécnico. Y es que su investigación lleva consigo dos opciones de aplicación. «Es interesante porque a los artistas falleros les damos dos posibilidades de trabajo más las que ya están haciendo: pueden usar el molde o modernizarse y apostar por impresoras 3D», indica José Ramón.

 

Sin embargo, pese a los avances conseguidos, todavía quedan muchos problemas por resolver. Hacer figuras grandes y que aguanten al viento o ver cómo desarrollar el producto para que se potencie de una forma industrial son algunos de los planteamientos que llegarán en los siguientes pasos de investigación, un proceso que no es cuestión de meses, sino de algún que otro año. Aún con todo, aseguran que el gran reto al que se enfrentan es «la resistencia al cambio». Para ello tienen claro que cuánto más económico sea ese paso, más probabilidades hay que los artistas falleros se vayan uniendo. «Estamos obsesionados en buscar soluciones que sean económicas para que haya adopción masiva», indica Miguel. Eso sí, el silencio reina cuando uno de los entrevistados, José Ramón, decide preguntar al entrevistador: «¿Le vamos a poner precio a una falla ecológica?».