COLOMBIA – ARROZ, LA CHARLA PENDIENTE ENTRE AMBIENTALISTAS Y AGRICULTORES


Fuente: El Espectador

12/04/2017 – Casanare batió su récord de hectáreas sembradas del cereal en 2016. Mientras científicos están preocupados porque los humedales se conviertan en desiertos, Minagricultura asegura que se está cumpliendo con los requisitos sostenibles.

 

Hace unos días, Brigitte Baptiste, directora del Instituto Humboldt, escribió una columna para la revista Semana titulada “¿Desiertos de arroz?”. Su tono, sin duda, era de preocupación. Para ella, viajar por el Casanare, en especial por los municipios de Paz de Ariporo, Maní, Pore y San Luis de Palenque, era encontrarse con un paisaje que cambia rápidamente. “Las planicies inundables del departamento, uno de los sistemas de humedales más grandes del país, están siendo transformadas en extensos arrozales”, anotó.

 

De hecho, y haciendo memoria, viajar por el municipio de Paz de Ariporo hace dos años era encontrarse con la noticia sobre la extrema sequía que dejó más de 10.000 animales muertos, entre ellos cientos de chigüiros agonizantes en los lodazales, ríos convertidos en extensiones de tierra agrietada y llanuras de color ocre que habían perdido su verde natural.

 

Para Baptiste, el programa Colombia Siembra, del Ministerio de Agricultura, no parece estar conversando con el del Ministerio de Ambiente, Colombia Sostenible. “El resultado en el territorio”, decía en la columna, “es el avance sin control de los cultivos de arroz en modalidad extractivista, es decir, que arrasan humedales, bosques de galería, matas de monte y toda su biodiversidad”.

 

Con esos cinco párrafos de opinión, la bióloga y experta en biodiversidad abría una nueva punta de discusión entre dos fuerzas que echan chispas siempre que se enfrentan: el medioambiente y el desarrollo. Esa pelea no es nueva. Se ha visto con los títulos mineros otorgados en zonas de páramo, con los permisos dados para explorar petróleo en zonas biodiversas, con la apertura de carreteras en pleno corazón de la selva amazónica para conectar lugares tradicionalmente olvidados por el conflicto armado y, más recientemente, con la posible construcción hotelera dentro de los parques nacionales. ¿Quién tiene la razón?

 

El panorama del arroz en el país

Vamos a la pepa del asunto con el tema del arroz. Como explicó Sandra Vilardy, doctora en ecología y decana de la Facultad de Ciencias Básicas de la Universidad del Magdalena, las zonas arroceras siempre han estado asociadas al desborde de los ríos, como ocurre en los Llanos Orientales, la Ciénaga Grande de Santa Marta y La Mojana. De hecho, la convención internacional Ramsar, que busca conservar los humedales del mundo, dijo que se deben aprovechar estos pulsos de inundación para cultivar. El acuerdo intergubernamental, entonces, “identificó arrozales como humedales de uso, pero nunca dijo que se desecaran”, recordó.

 

La preocupación con el acelerado cultivo de arroz durante el último año es justamente esa: que la tierra fértil se seque y se convierta en un desierto. Baptiste se refirió a los agroquímicos empleados en estos cultivos diciendo que “esterilizan y acaban con los servicios ecosistémicos” y que esto a su vez “implica una actividad insensata de riesgo de desertificación en tiempos de cambio climático”. Vilardy, por su parte, aseguró que sistemas como el del Casanare o el Magdalena no se están beneficiando del pulso de inundación natural, sino que se están transformando con diques para generar piscinas que “afectan la conectividad hidrológica entre el río y los humedales, llenan las zonas de agroquímicos y erosionan los suelos hasta que se pierde su fertilidad, porque la materia orgánica se pierde”.

 

La historia de cómo se disparó la siembra de este cereal coincide con los problemas de abastecimiento que trajo el fenómeno de El Niño. Durante el 2015, el Gobierno anunció que importaría alrededor de 80.000 toneladas de arroz para alimentar al país. Para hacerle frente a esta situación, el Ministerio de Agricultura hizo su mayor apuesta con el plan Colombia Siembra, que fue anunciado en octubre de 2015. El programa buscaba, como explicó el viceministro de Agricultura, Juan Pablo Pineda, “sustituir importaciones y aumentar la capacidad exportadora de Colombia”. La principal meta que se trazó esa cartera fue la siembra a 2018 de un millón de hectáreas nuevas de maíz, soya, cacao, frutales y arroz, entre otros cultivos.

 

Un año y medio después de implementado el plan, el reporte de la cartera indicó un aumento de la superficie agrícola de 232.303 hectáreas, frente a 194.363 el año anterior. Entre los cultivos más representativos de ese crecimiento estuvo el de arroz, con 112.192 hectáreas. Y además, según los resultados del cuarto censo nacional arrocero, 258.292 hectáreas se sembraron con arroz en el año 2016 en la zona de los Llanos Orientales, lo cual representa el 45,3 % del área nacional.

 

Lupa sobre Casanare

El récord de hectáreas sembradas lo tuvo el departamento de Casanare, con casi 140.000 en 2016. Y esta cifra, aunque representa una victoria agrícola, es vista con ojos de desconfianza por el sector ambiental. Como explicó Juan Pablo Pineda, de Minagricultura, Casanare estaba viviendo un problema de mano de obra debido a que tiene las principales cuencas petroleras del país, pero el precio del barril había caído dramáticamente. Para llenar ese vacío, Colombia Siembra retomó los terrenos que antiguamente estuvieron sembrados de arroz, los reactivó y les dio oficio a los lugareños.

 

Pero Baptiste duda de esa potencia agrícola, pues para ella esa cantidad de arroz es también una señal de “degradación ambiental por la que nadie responderá, razón para pedir la constitución de mecanismos de planificación y salvaguarda específicos para promover el crecimiento sano de la actividad”. es que los productores sí son amigables con el medioambiente y trabajan desde hace cinco años con el Programa de Adopción Masiva de Tecnología (Amtec). Este plan, explicó, que ya se implementa en el 42,5 % de la superficie cultivada de arroz en el país, está reduciendo el consumo de agua en 42 % y ha disminuido el uso de agroquímicos en un 30 %.

 

Hernández afirmó que “no es que los agricultores en Casanare hagamos las cosas mal, sino que la legislación y los Planes de Ordenamiento Territorial (POT) no son claros”. Para él, hace falta que les digan a los productores hasta dónde pueden llegar la agricultura y la ganadería. De paso, se evitan problemas y tienen una producción más ordenada.

 

Choque entre ambiente y agro

Esas posiciones contrarias son consecuencia de una desconexión entre el sector ambiental y el agropecuario. Sandra Vilardy aseguró que “la fuerza política que tiene la planificación ambiental es un mal chiste si se compara con el músculo técnico de la Unidad de Planificación Rural Agropecuaria (UPRA). Es un ejercicio inequitativo de fuerza política entre los dos ministerios”. Para la experta, hacen falta espacios interministeriales entre unidades técnicas de Minambiente y Minagricultura.

 

Sin embargo, el viceministro Juan Pablo Pineda confirmó que sí existe una planificación para las siembras en Colombia y la UPRA traza los mapas técnicos cada vez que se necesitan. En resumen, para el funcionario es un error que Baptiste “satanice el agro porque nos da de comer a todos y por eso hay que hacerlo de forma sostenible donde quepan pequeños, medianos y grandes productores”.

 

Faltará que se sienten ambos sectores a zanjar una disputa repetitiva en el país. Baptiste y Vilardy concuerdan en que el problema no son los cultivos de arroz per se, sino el cómo. Baptiste, evocando los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), concluye que es necesario “alimentar el mundo sin sacrificar su salud ecológica”, y Vilardy remata con el gran problema del país “que ha tenido un tara política en desecar humedales y hacerlos productivos, como fue el caso de Cesar y Ciénaga”.